Los cómplices de Peter Pan.

La teoría de la ventana rota sostiene que tolerar las faltas y los pequeños delitos promueve la escalada de los desórdenes públicos. La indulgencia con los criminales de medio pelo favorece que los maleantes desarrollen un sentimiento de impunidad. Si nadie los castiga cuando cometen fechorías, no tienen ninguna razón para respetar las leyes o las normas más elementales de convivencia. 

Así, es muy importante que las instituciones y la propia comunidad se preocupen por mantener el orden. Si se atajan directamente las pequeñas infracciones, se impide que el crimen prolifere, evitando daños mayores y ahorrando tiempo, dinero y esfuerzo al conjunto de la sociedad. 

Me acordé de esta teoría hace unas cuantas semanas, cuando escuché a un streamer que se lamentaba del lenguaje vulgar que emplean muchos de sus compañeros de plataforma. Todo el mundo en Twitch dice palabrotas. Los jóvenes que retransmiten sus partidas, programas y ocurrencias no saben expresarse sin recurrir a los insultos, lo que denota una inmensa pobreza lingüística, pero también una cierta actitud frente al mundo. Son canallitas que no tienen ningún interés en respetar las normas y convenciones sociales; normas y convenciones que, hasta ahora, habían atado a los medios de comunicación, obligándoles a emplear un lenguaje blanco y family friendly

El lenguaje soez y bajuno de los streamers no es, en sí mismo, un gran problema, pero alienta que las conversaciones sean cada vez más agresivas y poco razonables. Es una ventana rota por las que se nos están colando discursos infames como, por ejemplo, los del Xokas. 

El Xokas es un streamer que se hizo popular, precisamente, siendo malhablado. Su estilo consiste en decir palabrotas e insultar a la peña. Ninguna de sus reflexiones merecería la más mínima atención si no fuera porque el grueso de su público son adolescentes impresionables. 

Durante demasiado tiempo, la mayor parte de nosotros optamos por ignorar sus sandeces y continuar con nuestras vidas, confiando en que su impacto nocivo sería amortiguado por el sentido común y la decencia. Craso error. El Xokas no sólo ha continuado contaminando la red con sus directos, sino que, además, ha comenzado a difundir consignas que alimentan la cultura de la violación. Toleramos las “ventanas rotas” de sus boberías infantiles porque nos parecían inocentes y ahora tenemos que lidiar con discursos que coquetean con la apología de la violencia sexual.  

Con todo, lo más preocupante del asunto no es el comportamiento de unos cuantos streamers, sino la ausencia de respuesta por parte de las instituciones y del conjunto de la ciudadanía. Los contenidos que se emiten en televisión están regulados para no perjudicar “el desarrollo físico, mental o moral de los menores”, pero las plataformas de streaming continúan siendo el salvaje oeste. Necesitamos una normativa que proteja a los más jóvenes de mensajes que no son apropiado para su edad. 

Todo esto sería mucho más fácil si los adultos no hubieran decidido fugarse con Peter Pan. Es probable que los más jóvenes ni siquiera os acordéis, pero, hace tiempo, las personas maduraban y asumían la responsabilidad inmensa de cuidar a las futuras generaciones. Los adultos protegían a los críos de los peligros del mundo, pero también de sí mismos, porque la labor irrenunciable de los jóvenes es ser salvajes e imprudentes. Ahora, en cambio, ya no hay nadie que vele por los niños y las niñas del planeta. Los adultos han abdicado de sus funciones y se comportan como los padres insoportables de las series de Disney+, comparsas atolondradas al servicio de los jóvenes protagonistas. 

(Es increíble que, con la cantidad de negacionismos que han aflorado los últimos meses, nadie haya defendido el negacionismo de los adultos, quizá el más legítimo y razonable).

Si queremos evitar que los idiotas se apoderen de la conversación, deberíamos renunciar cuanto antes a seguir siendo cómplices de Peter Pan. Los personajes como el Xokas están ganando peso en la opinión pública porque la sociedad lo ha consentido con su silencio culpable. Afortunadamente, eso es algo que se puede corregir. Basta con que los adultos que poblaban el planeta regresen de las lejanas tierras de Nunca Jamás y le presten la atención que merecen a los niños que se encuentran delante de las pantallas.

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