El sueño digital de Martin Luther King.

Jesús resucitó al tercer día para anunciar la vida eterna.

Lola Flores a los 25 años para vendernos cervezas.

La faraona 1 – El cristianismo 0.

La campaña #ConMuchoAcento de Cruzcampo ha sido, sin ninguna duda, uno de los acontecimientos publicitarios del año. La pieza audiovisual destaca por su audacia tecnológica, pero también por un texto que encaja perfectamente en la prodigiosa voz de su protagonista.

Incluso sin el deepfake, el spot habría despuntado gracias al insight. No obstante, es la recreación de Lola Flores lo que termina de redondear la propuesta. Sin su imagen y su voz que nos habla desde lo más profundo de nuestra memoria el impacto no habría sido el mismo.  

El anuncio obtuvo enseguida el respeto unánime de la crítica, pero también causó una cierta conmoción entre una parte de la audiencia. La matriarca gitana es una figura icónica de la cultura española. Aunque su regreso fuera tan sólo una treta visual, es normal que nos golpease con fuerza y que alguna gente sintiera que se estaba quebrantando un tabú inventando para la ocasión.

A mí, en particular, no me pareció que hubiera nada moralmente cuestionable en todo el asunto. Al fin y al cabo, la familia Flores estuvo involucrada en el proceso creativo. Admito, sin embargo, que, al encontrarme por primera vez con el rostro de la folclórica en la pantalla, experimenté una ligera inquietud metafísica, como si, de pronto, me hubiera trasladado al interior de una novela de ciencia ficción escrita por Philip K. Dick.

Si Lola Flores me hubiera interpelado directamente para revelarme, por fin, que ella estaba viva y nosotros, muertos, no me habría sorprendido en absoluto.

Ni siquiera descarto que eso hubiera podido aliviar la pesada carga de mis días.  

Sea como fuere, el anuncio dio lugar a un debate en la prensa y las redes sociales acerca del uso legítimo de la imagen de las personas fallecidas. ¿Qué límites se deberían establecer? ¿A quién le corresponde velar por la memoria de los finados?  

La polémica se extinguió pronto, pero, ahora, ha vuelto a revivir con otro difunto -Martin Luther King- y otro escenario -Fortnite-.

La realidad se parece cada vez más a un cómic de Marvel. Ya nadie tiene la discreción de permanecer muerto para siempre.

La marcha de Washington llega a Fortnite

El 25 de agosto, Epic Games presentó en su página web un gran evento de Fortnite: la “Marcha a través del tiempo”. La experiencia interactiva, a la que ya se puede acceder, pretende homenajear la vida y obra del Dr. Martin Luther King reproduciendo su famoso discurso del 63 (“He tenido un sueño”) en un espacio digital que emula la capital de los EE. UU.

El evento permite a los jugadores acudir al National Mall de Washington D. C. a escuchar la arenga de Luther King a favor de los derechos civiles.

El acontecimiento incluye puntos de información didácticos y una serie de minijuegos colaborativos que procuran trasladar a los usuarios los valores de la manifestación.

La intención de la desarrolladora de videojuegos, así como de la revista Time, que ha promovido el acto, es indudablemente positiva. Su objetivo es dar a conocer un importante hito de la Historia contemporánea.

Sin embargo, no deberíamos olvidar que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. La que debería haber sido una acción reivindicativa se convirtió pronto en una broma de mal gusto.

Enseguida empezaron a circular por las redes sociales vídeos y capturas de pantalla donde aparecían superhéroes, alienígenas y doctores chiflados en la explanada del mitin. Las imágenes nos revelaron cómo sería ver Cartoon Network colocados de ácido.

Pudimos ver a Rick bailar con los brazos en alto al lado de Superman.

https://twitter.com/Ivxory/status/1431027712781602820

También nos encontramos con un xenomorfo muy comprometido, que incluso llevó su propia pancarta al acto.

https://twitter.com/campster/status/1430910664223072258?s=21

Y eso por no hablar de la pantalla de carga que aconsejaba, literalmente, “apuntar a la cabeza de los rivales”.

https://twitter.com/Campster/status/1430912369606238214

No nos olvidemos de que Fortnite es, entre otras cosas, un battle royale que enfrenta a cien jugadores hasta que sólo queda uno en pie. No encarna precisamente el sueño de respeto y cooperación del que hablaba Martin Luther King.

Para evitar que la movida fuera todavía más esperpéntica, Epic Games adoptó la decisión de desactivar muchos bailes, objetos y emoticonos, impidiendo, entre otras cosas, que se pudieran lanzar tomates a la cara del activista. Sin embargo, la desarrolladora no deshabilitó la opción de dar latigazos, de tal modo que, ahora mismo, los jugadores pueden interpretar las escenas más escabrosas de Django desencadenado delante de uno de los mayores iconos de la lucha contra el racismo.

Ante este panorama, es comprensible que la familia de Luther King y el centro dedicado a su memoria se desvincularan de la acción.

https://twitter.com/berniceking/status/1430961665760190469?s=21  

https://twitter.com/TheKingCenter/status/1430961473237491720

Lo más curioso de todo es que no es la primera vez que sucede. La polémica se podría haber previsto y atajado desde el comienzo.

El 4 de julio de 2020, Epic Games proyectó en Fortnite la serie de conversaciones “We The People”, en la que importantes personalidades de los negocios, los deportes, los medios de comunicación… hablaron acerca de cómo combatir el racismo estructural.

¿Y qué fue lo que sucedió?

Que muchos jugadores aprovecharon la ocasión para faltarle al respeto a los protagonistas de las charlas recurriendo a un amplio arsenal de gestos, bailes y objetos. Resulta inaudito que, con estos antecedentes, Epic Games no tomase ninguna medida para evitar que su evento centrado en Martin Luther King se fuera también al traste.

Llegados a este punto, somos muchos los que nos preguntamos cómo es posible que en Fortnite se sigan celebrando este tipo de performances. Estoy convencido de que, con el debido control, se podrían realizar actos divulgativos sin ofender la memoria y la dignidad de nadie, pero parece que Epic Games no está dispuesta a tomarse las cosas con la suficiente seriedad.  

El problema es que las torpezas de Fortnite no sólo comprometen la imagen del videojuego, sino que además ponen en cuestión las posibilidades del medio, así como del metaverso que empieza a despuntar en el horizonte.

El metaverso que viene

Hace mucho que Fortnite ha trascendido su condición de simple videojuego para convertirse en un lugar al que los usuarios asisten para encontrarse con sus colegas, ir a conciertos de superestrellas o ver antes que nadie el tráiler de la última película de moda. Así, no es de extrañar que mucha gente considere que el videojuego se ha convertido en un proto-metaverso que anticipa el mundo que está por venir.

La palabra “metaverso” se ha popularizado muy rápidamente, pero es muy difícil acotar con precisión de qué hablamos cuando recurrimos al término. A pesar de todo, creo que la caracterización que ofrece Mathew Ball en su página web es un buen punto de partida para entendernos.

El metaverso es un espacio virtual persistente que nunca se pausa, restablece o termina. En él, pueden interactuar al mismo tiempo un número ilimitado de usuarios, llevando a cabo una amplia gama de acciones. El lugar dispone de una economía plenamente funcional a la que todo el mundo puede contribuir con diferentes contenidos. Además, permite que sus activos (como, por ejemplo, las apariencias de los avatares o sus artículos) se empleen en diferentes lugares y circunstancias.

Por el momento, el metaverso es sólo una posibilidad teórica, ya que no es tecnológicamente viable, pero son muchas las empresas que han mostrado un gran interés en él, por lo que cabe pensar que, de un modo u otro, terminará concretándose.

Videojuegos como Fortnite, Minecraft o Roblox son ya aproximaciones primerizas.

Coincido con Ball en que el caso de Fortnite es particularmente llamativo. Se trata de un mundo en el que los usuarios pueden interactuar con otros 99 jugadores al mismo tiempo de maneras muy diferentes. No se limita a ser un battle royale competitivo, sino que funciona como plaza social y escenario de conciertos, presentaciones y eventos. Cada día explora nuevas posibilidades, por lo que transmite una sensación de vida que, ahora mismo, no tiene parangón en el terreno del ocio digital.

Por este motivo es tan grave que Fortnite meta la pata al abordar algunos temas o al realizar algunos eventos. Después del fiasco de la “Marcha a través del tiempo”, lo razonable sería que cualquiera se lo pensara dos veces antes de organizar una acción en defensa de la memoria en un entorno interactivo, incluso si contara con todos los recursos de un metaverso utópico a su disposición.

Los fracasos de Fortnite pueden limitar, de antemano, las ambiciones legítimas del metaverso.

Un horizonte virtual más humano

Hemos fracasado a la hora de trasladar los códigos de conducta del mundo real a los espacios digitales. A nadie se le ocurriría rememorar a las víctimas del holocausto celebrando un acto festivo en una piscina de bolas. No obstante, eso fue, más o menos, lo que sucedió con la “Marcha a través del tiempo”: se intentó honrar la memoria de Martin Luther King con un evento lisérgico e irrespetuoso.

Las cosas, afortunadamente, se pueden hacer mucho mejor.

La marcha de Washington o los conciertos de Lola Flores se pueden convertir, seguro, en experiencias interactivas dignas, tanto en internet como en el futuro espacio del metaverso. Lo mismo podríamos decir de cualquier otro acontecimiento histórico.

No obstante, para lograrlo necesitamos adoptar un enfoque más humano y comprometido. Precisamos más antropólogos, sociólogos, psicólogos, filósofos, politólogos… investigando las posibilidades de los medios, para aprender a adecuar nuestros discursos a los nuevos formatos.

En lo que respecta al metaverso, urge que los humanistas participen en su gestación desde el inicio porque, como decía el inolvidable secundario de Annie Hall, el medio es el mensaje.

Si queremos asegurarnos de que es posible desarrollar debates fértiles entre todos, debemos garantizar que los medios no sólo los admiten, sino que además los favorecen.

En definitiva, para evitar que fiascos como el de Fortnite se repitan con irritante periodicidad, conviene que, otra vez, reivindiquemos a los expertos en humanidades.

Su labor no sólo es útil; es, además, urgente.

Los necesitamos como dique de contención frente a la irracionalidad, con los pies bien firmes en la tierra y la mirada fija más allá del horizonte.

 

 

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