Creativos. Del sustantivo al adjetivo.

A todo creativo o creativa le ha ocurrido alguna vez.

 

Una mañana indolente, una hora cercana a la comida. Te sientas con tu dupla a pensar ese briefing que os ha caído. Habéis procrastinado un poquito durante el día, pero por fin estáis frente a frente. Antes siquiera de empezar a leer el brief, pasa por tu cabeza un pensamiento fugaz:

 

“no voy a ser capaz de sacar nada bueno”.

 

Lo evitas. No te gusta recrearte en tus inseguridades. Naturalmente, no lo compartes con tu pareja de baile. Sabes que es un miedo irracional. Sabes que, cuando os pongáis a pensar, saldrán cosas buenas. Siempre es así. Llevas ya mucho tiempo lidiando con ello y has aprendido a incorporarlo a tu rutina. Primero piensas que no sabes hacerlo y después lo haces.

 

¿Por qué somos así?

 

Mi teoría es que los creativos vivimos en una contradicción constante entre el sustantivo y el adjetivo. Nos llaman creativos, pero… ¿lo somos? Esta pregunta nace en la universidad y convive con nosotros el resto de nuestra vida, como un Pepito Grillo okupa que vive en nuestro cerebro. En la mitad creativa, claro.

 

Lucimos con orgullo el sustantivo, pero miramos de reojo al adjetivo. Hemos decidido ser creativos y, claro, nos toca estar a la altura de una profesión cuyo nombre prescribe un talento nato. Porque, esa es otra, te dicen que “creativo se nace” y te imaginas a ti mismo como Harry Potter, “el elegido”. Has nacido con un don en tu interior y tu misión es tener la idea que salve a la humanidad, como ese spot argentino brillante en el que nos tocaba salvar al mundo de una lluvia de asteroides y, al final, el cliente acababa “adaptando un misil de fuera”.

 

Pero bajemos a tierra. Puede que seamos algo diferentes al resto, pero no nos dejemos confundir por la presión que nos pone el adjetivo y aprendamos a relativizar el sustantivo. Que, a veces, hasta nos da vergüenza decir que somos creativos. Nos suena pretencioso. Como cuando viajamos en Blablacar, que nos preguntan a qué nos dedicamos y respondemos “bueno… trabajo en una agencia de publicidad”. Como si al decir “soy creativo” no hablásemos de la profesión, sino de la habilidad.

 

Así que piensa, escribe, pinta, ilustra y conceptualiza, busca nuevos formatos, sigue formándote, gana un metal o pasa desapercibido, haz que se pudra una hamburguesa o trae de vuelta a la vida a quien tú quieras. Sé el creativo que tú quieras ser.

 

Porque no somos los mismos cuando entramos de trainees que cuando nos nombran Chief Global Creative Master of the World. Porque no somos los elegidos. Y porque, si leemos entre líneas, Harry lo único que quería era ser campeón de Quidditch.

 

Hola,

soy Pablo

y soy creativo.

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